jueves, 19 de enero de 2017

145. Percepción numérica y espacio político izquierda-derecha.

Tenía este asunto pendiente desde que escribí Madrid es una isla. No entró en el libro y hasta hoy. ¿Tiempo perdido? Lo ganado es que en estos años el panorama político ha dado un vuelco, y hay unos buenos datos que analizar. 


El punto de partida era simple. Desde 1995 (al menos), las encuestas del CIS describen una situación que se repetía con ligerísimas variaciones: la autoposición ideológica izquierda-derecha de los españoles se ajusta a una misma o muy similar distribución normal. 

La cuestión que me planetaba entonces es: 

1.- si la composición general (¿el marco/frame, debería decir?) es una curva gaussiana, ¿cómo se dividen los partidos este espacio político aparentemente tan coherente? 

y en consecuencia:

2.- ¿cómo es posible un cambio político en una estructura aparentemente tan monolítica? 

La respuesta meramente cognitiva diría (creo) que la mayoría nos situamos en el medio de la escala pues (como borregos que somos, en definitiva) tendemos a acomodar nuestras opiniones a las generales. Nuestro mayor o menor espíritu borreguil nos predispondría a colocarnos más o menos cerca del confortable y calentito centro. Lo cierto es que infidad de experimentos demuestran que ajustamos nuestros juicios del mundo a los de los demás. El problema es que, en todo caso, esta respuesta nos deriva a otras preguntas: 

1.-  ¿Cómo nos ponemos de acuerdo en saber dónde está el centro entre la maraña de opiniones? ¿Cómo sabemos qué piensa la mayoría? ¿Cómo transmitimos e interpretamos esa información? 

2.-   Os recuerdo esta curva gaussiana está autoconstruida a partir de la posición que los españoles nos otorgamos en una hipotética escala izquierda-derecha 1-10, así que, ¿cómo nos posicionamos en una determinada medida y no en otra? Aún consintiendo que sólo busquemos una determinada distancia al centro, ¿cómo valoramos esa distancia? ¿Cómo sé yo que estoy en 7 y no en 8? 

Sin querer contradecir nuestro carácter borreguil, me parecía entonces (y me parece ahora) que cualquier solución reduccionista queda corta. De algún modo debemos percibir la distribución política general para poder situarnos en ella. Mi hipótesis era -y es- que percibimos los parámetros básicos de la distribución: media y desviación estándar, y que si entendemos la media como valor político más frecuente, también entendemos la desviación estándar (σ) como la máxima dispersión admisible para un mismo valor político. Es decir, mi hipótesis era y es que un solo partido político cubritrá una dispersión ideológica (d) no mayor que 1 (una) desviación estándar (σ). d≥σ


Para comprobar cuánto de cierto había en esta hipótesis recopilé resultados electorales al parlamento de 21 países europeos (practicamente todos salvo las ex-URSS y ex-Yugoslavia). Los resultados esperados se muestran en gris, con la línea central del valor medio y los valores máximo y mínimo dependiendo de lo más o menos centrado que esté el primer partido. Por ejemplo, si el primer partido estuviera perfectamente centrado en 0 (-0,5σ a +0,5σ), alcanzaría un máximo porcentaje de votos (38%), quedando empatados 2º (-0,5σ a -1,5σ) y 3º con un 24% (0,5σ a 1,5σ)...



Por supuesto, las situaciones particulares de cada país pueden variar muy mucho y no ajustarse de ningún modo a una distribución normal, pero tanto si calculo el valor medio de los porcentajes por países o directamente del número de votantes, el ajuste es lo bastante bueno como para aceptar, al menos, que la hipótesis general es bastante plausible, aunque con un necesario añadido: 

El tercer partido y siguientes.

1.- De media (y de forma sistemática), el tercer partido tiene un porcentaje de votos menor del que le corresponde según un reparto de la distribución normal en unidades de desviación estándar.

2.- Este porcentaje que le resta al tercer partido se suma a los siguientes, a partir del quinto.

Encuentro dos posibles explicaciones -no excluyentes- a este efecto.

Una, que nuestra percepción de la desviación estándar no se ajuste realmente a una distribución normal, sino a otro tipo de gaussiana (u otra función) ligeramente distinta. Matemáticamente, no sería difícil dar con esta otra función que lograse un ajuste mejor, pero creo que conceptualmente no sería un proceder adecuado, pues el objetivo no es ajustar la curva sino comprender el comportamiento electoral.Tener una curva con un ajuste fetén no facilitaría en nada la explicación de cómo se gesta la percpeción política (y ni tampoco serviría prospectivamente). 

Así que me quedo con la otra explicación, que viene a ser que: cuanto menor es la posibilidad de ganar las elecciones, menor interés hay dispersar el propio voto. Es decir, que si total no vamos a ganar las elecciones, no nos compensa sumar nuestro voto a un partido con el que no coincidimos sacrificando nuestra identidad ideológica, por, digamos, obtener un 0,5 % más. 

Este sistema de cálculo/percepción explicaría supuestos desafueros ideológicos, como la radicalidad de los extremos políticos que conducen a los partidos aquí situados a la atomización y el dogmatismo ideológico. 



El comportamiento de los extremos políticos es distinto que el del centro pero no responde a otras razones, sino la distinta perspectiva de una misma función exponencial del valor. 

El caso es que si estás en el extremo del espectro político, o lo que es lo mismo, en la parte baja de la curva de Gauss, no negocias con tu ideología porque  hacerlo no te redunda en una ganacia de poder suficiente; mejor preservas tu identidad política. Como decía más o menos la frase de no recuerdo quién: si las disputas en la Academia son tan agrias es porque no se juega nada en ellas





martes, 10 de enero de 2017

144. El tiempo es espacio en movimiento.

He visto en internet que la frase El tiempo es espacio en movimiento se atribuye a Piaget. La fórmula, claro, nos remite a la relatividad de Einstein, pero el mérito que la atribución pretende para Piaget no es la de haber desentrañado la arcana relación entre tiempo y espacio -lo que sería una pretensión ridícula- sino la honrilla del pedagogo que sabe resumir en una cita memorable una cuestión tan compleja. Con ese simple verso Piaget nos facilitaría a los comunes y niños la esencia de la relatividad espacio-temporal.

Pero no.

Pues lo que constituye el tiempo es el movimiento de las cosas, las vicisitudes y las modificaciones de las apariencias, cuya materia es la tierra indivisible de la que hablado ya.
San Agustín, Confesiones. 12.8.

La tierra indivisble a la que se refería Agustín era la materia todavía sin forma, primeramente creada antes que las propias cosas, es decir, el puro espacio. Tal y como advirtió el reputado físico Roger Penrose, san Agustín parece adelantar en sus Confesiones la relatividad mil quinientos años. Así que ni Piaget ni Einstein: san Agustín.

Pero tampoco.

Para empezar, la cita de Penrose a que remite la wikipedia no salió de la boca de Penrose, sino del periodista que le entrevistó, que vete tú a saber de dónde sacó la idea que puso en boca de Penrose. También es posible que se tratase de una de esas entrevistas reconstruidas a partir de unos textos preescritos o dictados por el entrevistado, de modo que el apuntador fuera el propio Penrose, pero el lío me sirve para ilustrar lo problemático de citas y atribuciones de paternidad.

Así que, aunque es indudable que san Agustín armó en Confesiones una formulación de tiempo sorprendentemente coherente con la presente concepción estándar de un espacio-tiempo creado en (¿o quizá inmediatamente tras?) el Big Bang, no tengo nada claro que el mérito de esa intuición genial de unir el tiempo como espacio en movimiento pertenezca al santo o a otro. El orgulloso san Agustín apenas reonoce otra referencia que Dios, así que nada nos dice de sus fuentes, pero en medio de su exposición reconocía lo siguiente:

Oí decir a un sabio que el tiempo no es más que el  movimiento del sol, de la luna y de las estrellas, No pude aprobar eso. A este precio, en efecto, ¿por qué el tiempo no sería más bien el movimiento de todos los cuerpos?
San Agustín, Confesiones. 11.23

No podía ser de otro modo. El problema del tiempo ocupa en las Confesiones dos libros enteros (el once y doce) de un total de trece, lo que no solo nos dice que el asunto era una obsesión particular del autor, sino que debía serlo para sus lectotres (o más bien oyentes) por ser un motivo de disputa pública frecuente e importante. De hecho, la cuestión central de la exposición de san Agustín y la que más acerca su relato a la teoría dominante del Big-Bang es que el tiempo fue creado con el propio universo y no existía antes de él, punto en el que San Agustín insiste varias veces para atacar a quienes dicen lo contrario. Pero incluso aquí san Agustín no hace sino seguir la escuela neopatónica de Plotino, que el obispo leyó y estudió en su juventud.

A mi entender, San Agustín  -que antes de ser padre de la Iglesia se ganaba la vida como retórico, es decir, lo que hoy sería un abogado- simplificó y tergiversó el discurso de sus contrarios para atacarlos mejor y ocultó cuanto pudo sus propias fuentes y las de sus enemigos para construir un relato en el que sólo cabían Dios y él mismo. El éxito de su empresa está a la vista.

Pero en lo que aquí me atañe lo decisivo es que la idea de tiempo entendido como espacio en movimiento no es una intuición singular, particular, sino una metáfora común y corriente, tan común que fue utilizada por George Lakoff y Mark Johnson en su conocido Metáforas de la vida cotidiana para ilustrar las nociones de consistencia y coherencia, fundamentales en su teoría lingüística. Lo que nos dicen Lakoff y Johnson es que en inglés (pero también en la mayor parte de las lenguas del mundo) usamos, experimentamos y comprendemos el tiempo como si se tratara de un espacio y un movimiento.

En definitiva, lo que esta historia nos cuenta es un eterno retorno de la metáfora del espacio que es tiempo en movimiento en sus sucesivos ciclos de generación y regeneración a lo largo de un espacio-tiempo que sentimos y pensamos lineal, esto es: una paradoja.

...

San Agustín rechazó de plano el tiempo circular que le ataba a la Antigüedad pagana. Si se tomó dos capítulos de sus Confesiones en defender la concepción alfa y omega del tiempo-universo es porque advertía que el problema desbordaba la cuestión aparente para constituir un marco referencial, como lo fueron en su momento el heliocentrismo de Galileo o el relativismo de Einstein. Estas metáforas paradigmáticas nos son constitutivas, pues con ellas reconstruimos otras que consideramos menores, contendias, subordiandas, dependientes, o como quiera que las podamos llamar. El Universo es Todo, el Universo es relativista, todo es relativo. El propio Piaget, por ejemplo, reconstruyó en el crecimiento del niño el paso de una moral inmanente, de reglas fijas, anterior, inferior, primitiva, simple, a una moral más relativista, posterior, madura, superior. La filogenia cosmológica en la ontogenia moral del niño.

Es decir, el niño llega poco a poco a una especie de 'relativismo moral'. Poder adquirir este tipo de conceptos morales implica, por supuesto haber abandonado el pensamiento egocéntrico y ser capaz de ponerse en el lugar de otras personas. 

El relato del blog que cito no puede ser más transparente respecto de sus referencias cósmicas, pero lo que nos descubrió Lakoff es que aunque estas metáforas no nos resulten tan explícitas siguen trabajando de forma permanente y extensa. Una vez articulada, la metáfora nos permite expresar o explicar un sin fin de situaciones, a menudo -como el caso anterior- con muy ligeras variaciones de la estructura lingüística.

Así funcionamos.

En la lógica clásica occidental, lógica lineal, secuencial, judeo-cristiana, la paradoja es peor que el error, es la némesis, el cierre del pensamiento. La paradoja es el laberinto tramposo que, como un juego de espejos, nos condena a una recursividad eterna y estéril. Incluso Lakoff, al explicar el modo cómo trabaja la metáfora del tiempo (como espacio y como movimiento), no se resiste a soslayar la paradoja de un tiempo que está enfrente de nosotros, adelante, pero que es posterior frente a un pasado que es primero y anterior, mediante una discontinuidad formal en la coherencia del propio lenguaje. De forma gráfica, Lakoff separa el tiempo-espacio y el tiempo-movimiento en dos ramas de un mismo árbol metafórico para mostranos la divergencia e imposibilidad formal y real de ambos discursos, que operarían alternativamente, pero no juntos, lo que es como cortar la cinta de Moebius.

La dificultad de la paradoja no es sustancial ni de estilo, sino de gusto. La reluctancia de san Agustín por la recursividad del tiempo no tiene que ver con la incoherencia de una metáfora o la insuficiencia del lenguaje (como presupondría, creo, Lakoff), sino con un gusto cuyo juicio excede el mero campo del discurso.

a.- San Agustín confiesa arder en deseos de aclarar los enigmas del tiempo y no tiene empacho algo en hacer del misterio de la Trinidad trágala epistemológica del mundo.

b.- San Agustín quiere fijar el tiempo del mundo al Génesis para ponerle el fin que desea.

c.- Pese a sus protestas, san Agustín no se debate en el saber, sino en lo que hay que saber y del los medios para saberlo.

La metáfora del tiempo como espacio en movimiento es intemporal y recurrente, singular y plural. Cada nueva reconstrucción transforma su significado en su relación al resto del universo metafórico. y no deja de ser la misma. En realidad no solo esta metáfora sino el mismo discurso del mundo debe ser resignificado por entero para mantenerse vivo, presente. Si el discurso se fija a un pasado, se fosiliza, muere, se olvida. Cada instante se hace y se deshace.

El discurso recorre el mundo y lo ata a nosotros. Recomponiendo el discurso reconsidero el valor del mundo en sus términos, decido, taso, enjuicio.

En definitiva y por lo que aquí interesa (en este blog del discurso y el número), el resultado del juego de atribuciones es reasignar valor y así mantenerlo, no solo dentro del discurso, sino entre discurso y mundo, en el propio mundo del que el discurso es parte. Si atribuyo la cita del tiempo como espacio en movimiento a Piaget, resignifico a Piaget tanto como la propio metáfora, valoro una en función de la otra, y a mí mismo en relación a ambas. En lo que respecta a Piaget, lo pongo en relación al relativismo. Si resignifico a Piaget con la moral del niño y su educación, lo pongo en la situación del buen pedagogo, de un nuevo San Francisco. Lo que valoro y detesto, lo que quiero o prefiero, todo eso dispongo y ordeno en el discurso.

lunes, 2 de enero de 2017

143. Geografía de España en las seies de TV a partir de búsquedas en Google.

La idea era hacer algo como estos fantásticos mapas de share de seies de los EE.UU. pero como ni tengo datos directos de share ni tanto tiempo como para desgranar los indirectos que me pueda dar Google, pues esto es lo que hay: 


Repito, los datos de búsquedas en Google no son share, pero en mi opinión indican algo mejor, la importancia relativa que la televisión tienen como generador de interés. Digamos que mide el poder de la TV como fábrica (dispositivo, en términos de Foucault) del discurso social. 


Bueno, pues si mis mapas no son tan chulos como los del NYT, tampoco son menos interesantes e informativos; todo esto es lo que cuentan:

1.- Navarra, La Rioja, las dos Castillas, Extremadura y Navarra constituyen las guardianes de las esencias de la españolidad. Aquí se valora, antes que nada, el discurso español, muy español y mucho español. ¡Olé!  Todas las demás regiones valoran ligeramente más lo gringo que lo hispánico, salvo la rebelde y traidora Cataluña y ¡oh, sorpresa! la cantonalista Murcia, que valoran lo gringo mucho más que lo hispánico. (Habrá que tenerlo en cuenta).

2.- En cuanto al valor de la TV como generadora de discurso social, tenemos que:

2.1.- Las islas, Canarias y Baleares, juegan aparte: el poder de la TV en el  imaginario de estas CCAA es mínimo, aunque quizá la medida esté distorsionada por las búsquedas de la población turística.

2.2.- PV, Cataluña, Valencia y Navarra, comunidades asociadas a mayor desarrollo socioecómico y cultural, son las menos influenciadas por la televisión, al menos en lo que se refiere a series de TV. Les sigue Madrid, pero en mi opinión ya en el grupo de televisivas, grupo que encabezan las comunidades rurales de interior: la Rioja, las dos Castillas, Aragón y Cantabria. 


Para obtener estas conculsiones utilicé los datos de búsquedas relativas de 10 series españolas y 5 americanas de los últimos cinco años que saqué de un listado cualquiera y cuyos registros están inmediatamente arriba. Cada serie tiene una distribución propia que, en general, se ajusta a la media que resumida en el gráfico primero, pero que a veces generan patrones geográficos muy familiares, como por ejemplo, el cruce de Homeland con Juego de Tronos







lunes, 26 de diciembre de 2016

142. Clima y cultura. US.

Conservo desde hace años un ejemplar de Geography and World Power, de James Fairgrieve. Este libro desarrolla una justificación geográfica de la hegemonía británica y anglosajona y como tal es un clásico del determinismo histórico y del Volkgeist geoclimático, una versión cientificista del destino manifiesto británico remezclado con esa vieja y extendia idea de que la geografía y el clima condicionan el carácter de las personas y las comunidades. Forzando las posibilidades de este mix, Fairgrieve publicaba en 1915 la obra de su vida para descubrir el destino de las civilizaciones y la propia humanidad escrito en la geografía y el clima como en un código genético. 

Lo cierto es que las simplezas de Fairgrieve son ridículas en su determinismo y su parcialidad, pero el tópico climático del carácter sigue resultando tan atractivo hoy como hace cien años y las narrativas del destino histórico-climático no dejan de re-actualizarse una y otra vez. Y es porque algo de verdad encierran, aunque esta verdad sea tan difícil de valorar y cuantificar.

Y todo esto viene de la siguiente coincidencia que me encontré estos días en estos dos mapas. Que cada cual juzgue, mi crítica llega hasta aquí. El primer mapa es obra del periodista Colin Woodart y divide Norteamérica en 11 "culturas norteamericanas"; el segundo es un mapa cualquiera de regiones climáticas en los EE.UU. 




miércoles, 30 de noviembre de 2016

141. Mi apuesta para el referendum constitucional italiano. Sí: 40% y participación del 30%

Repasando resultados: ¿una de cal y otra de arena?

A lo acertado, la verdad, poco puedo poner o quitar. hice una apuesta redondeada, de punto grueso (60 % de noes) y salió redonda (NO: 59,95%). La correlación general de sentido del voto sí/no mejora 10 centésimas y eso está bien en términos explicativos, pero R2 sigue en un 0,82, lo cual no es mucho si lo que se pretende es una previsión.


Con la participación el error de pronóstico fue total: preví un 30 % de participación y lo que hubo fue un 30,7 % de abstención (y un 69,3 % de participación, claro). Lo bueno es que Google mismo me corrige y me muestra la causa del error.


En la correlación de votare si/votare no utilicé los datos de búsqueda de la semana anterior al refrerendum, pero en los de participación usé los datos de búsquedas mensuales. No fue por vagancia chapucera, al menos no del todo, sino porque Google Trends solo me da series semanales para periodos de un año o menos; en la serie de datos completa de 2004 a hoy, el dato es mensual.  Así que solo podía comparar las búsquedas de referendum o elezioni de unos años y otros a partir del dato del mes en que se celebró cada uno de ellos. Pero como este último referendum se celebró el 4 de diciembre, solo tenía datos de noviembre de 2016, y pensando que valdrían por ser tan inmediatos, los usé... y he aquí el mal resultado.


A 25 de diciembre, sin embargo, las búsquedas mensuales de referendum llegan ya al 55 %, lo que resultaría en una previsión de participación del 59,8 % conforme a la correlación que usé el 30/11.


Una previsión de participación del 59,8 % todavía está lejos del 69,3 % de participación final, pero ya estaba dentro del error esperado.

Desde luego, es imposible dar una previsión si hay que esperar a que acabe el mes, pero para lo que me importa, la relación búsquedas y mundo sigue funcionando.


30/11/2016

Va MUY cogido por los pelos, pero venga esa apuesta!

Para rastrear las intenciones de los italianos he comparado las búsquedas relativas de votare si y votare no (en Google Italia, por supuesto) con los resultados de los referendums de 2005, 2006, 2009, 2011 y abril de 2016. El sorprendente resultado (en naranja) es este: 
A pesar del R=0,72, está claro que todo el peso de la correlación está en el dato de 2006. Si éste fuera mediananente fiable, Renzi se la pega de forma gloriosa sacando el 40% de síes, pero lo cierto es que el 2006 queda muy lejos y las búsquedas de votare si y votare no parecen súmamente equilibradas. ¿Significa eso que el voto se repartirá próximo al 50? La verdad es que las búsquedas de esta votación parecen estar a otra escala. 
Y lo más chocante es que si busco otras opciones, como riforma si/no, el resultado es muy similar. 


Está claro que hay una gran expectación. ¿Se traducirá en gran participación? Pues por lo que he podido deducir, tampoco. 

La relativa de búsquedas de elezioni o referendum, según el caso, proporciona una cierta orientación (no me atrevo a llamarlo pronóstico, viendo donde está 2006) sobre la participación. A pesar de la expectación por el resultado, el interés por el referendum en sí parece bien escaso.



Claro que el dato de noviembre no está completo (lleva unos 4 días de retraso, creo), pero no parece que vaya a subir mucho más, y con eso no es esperable que la participación supere en mucho el 30 %. 

Así que mi apuesta es que Renzi pierde dos veces: saca un 60 % de noes y encima un 70 % de italianos ni se molesta en ir a votar. 





domingo, 9 de octubre de 2016

140. Clima global y discurso global, 3. El paso final. Uso del discurso como función de la temperatura.

Estábamos así:


¿Son 1 y 2 relaciones espurias?

1 es realmente fea (discontinua, en realidad) y parece el típico caso de dos series temporales no relacionadas pero igualmente crecientes. 

Y en 2 la relación media de hot/cold mensual sí pero la anual no es correlativa con la temperatura media anual. Se deduce que el uso de hot/cold es sin duda estacional, como puede serlo winter o summer, pero no es concluyente que sea función de la temperatura pues la variación anual de temperaturas medias de 2004 a 2015 es menor que la dispersión de la correlación, como se ve abajo. 


Así que necesito una prueba fuerte. Y ya que la historia no quiere dármela, recurro a la geografía. 

Las temperaturas medias de Minnesotta o North Dakota se acercan a los 40 ºF y las de Louisiana o Texas superan los 65 ºF. Estas variaciones de temperaturas medias de 25 º F son de lejos mucho mayores que las variaciones medias anuales y deberían ser suficientes para soslayar el error de la distribución, eso sí, uponiendo que el uso lingüístico hold/cold sea lo bastante homogéneo en todo US, claro. Y el caso es que sí lo son. Este es el resultado (los puntos azules excluidos de la correlación porque estos estados tienen hot springs que alteran las búsquedas añadiendo hot). 

No parece gran cosa, pero la relación es indiscutible y, de hecho, en detalle los resultados son mucho mejores de lo que parecen. Si agrupo los estados según las grandes regiones climáticas East, South-Central, y West (verde, rosa y azul, en la gráfica), las correlaciones mejoran sensiblemente y lo que es más importante, lo hacen manifestando un patrón geoclimático independiente de la temperatura.



Agrupados los estados de EEUU por zonas climáticas, la relación de búsqedas hot/cold puede explicar de un 37% a un 74 % de las variaciones de temperaturas medias. La dispersión asociada sigue siendo grande, pero se demuestra que la relación hot/cold y temperatura, aunque débil, no es de ningún modo espuria. La gente en los EE.UU. busca hot y cold siguiendo un patrón estacional relacionado con las temperaturas y con el propio clima general. Muchos factores ajenos distorsionan esta relación, y el más evidente es la existencia de balnearios (hot springs) en Arkansas, Montana, South Dakota, Wyoming, Idaho y otros estados, balnearios que incluso dan nombre a algunas localidades (Hot Springs), pero el hecho es que el discurso global funciona como un indicador emergente  del clima.


jueves, 15 de septiembre de 2016

139. Discurso global y Clima global, 2. Cold & hot.

Estaba el otro día con la correlación de la relación hot/cold en textos escritos (registrados por Ngram) y la media de temperaturas globales (según reconstrucción de la U. de Berkeley) para el último siglo y medio.


¿Es esta correlación espuria? Pues puede que sí,puede que no, pero a mi entender ésta es una discusión mal traída. Vale que la posibilidad de que la relación de uso hot/cold en los escritos pueda influir en el clima es irracional (en todo caso la simple necesidad de este adjetivo implica que lo irracional existe) pero queda abierta la muy razonable posibilidad de que los escritos reflejen de forma más o menos consciente (esa es otra) la sensación general de frío o calor -el confort térmico, que se dice ahora- mediante el uso relativo de esas dos palabras.


Y lo cierto es que es lo más normal del mundo que las palabras se usen o no según las circunstancias, y por eso no sorprende demasiado que en US las búsquedas de cold sean mayores en invierno (como las del propio winter) y menores en verano (con, por supuesto, summer), estableciendo un patrón anual. Al contrario, lo que sorprende es que las búsquedas de hot presenten dos picos de uso, uno en verano (como corresponde al clima) y otro en invierno con su máximo en diciembre.


Que warm también presente un ciclo anual con máximo en diciembre hace pesar que el uso de hot es la suma de (al menos) dos ciclos. Resulta tentador considerar a uno ciclo natural y a otro artificial, que estaría referido a un calor humano, de hogar, contraclimático, pero lo cierto es que tanto uno como el otro están ligados a la sucesión natural de estaciones, si bien de un modo positivo y negativo. (Desde hace años sospecho que el problema de fondo del cambio climático no es el elfecto invernadero, por supuesto no el CO2, pero tampoco ninguna otra causa física o química sino nuestra atávica nostalgia del trópico. Somos monos en busca de un confort perdido... a 22ºC).

Pero a lo que iba. Está claro que en US las búsquedas de cold en Google aumentan en invierno según un patrón estacional. Pero es que además los patrones estacionales de búsquedas de hot y de cold en Google correlacionan de forma positiva con las temperaturas medias menusales en US (del NOAA).

Así que sí. Google Trends reproduce a corto plazo la misma correlación de usos lingúísticos hot/cold y temperaturas globales vista en Ngram. Usos lingüísticos y clima vuelven a mostrar una clara correlación a través de las estaciones. De ahí a esperar que cada año las relaciones de búsquedas hot/cold en US vengan numéricamente definidas en función de la temperatura hay un pequeño paso lógico...

Pero las variaciones de temperaturas anuales medias entre 2004 y 2015 en US son mucho menores que la incertidumbre de la correlación. Así que ese paso lógico no se demuestra porque las temperaturas medias anuales de 2004 a 2015 no se han movido lo suficiente. Sigue faltando pues el último paso, una relación que ate de forma estadística y retórica, es decir, convincente, lenguaje y mundo a través del número. Este es el objetivo. Estoy a un paso.