jueves, 15 de septiembre de 2016

139. Discurso global y Clima global, 2. Cold & hot.

Estaba el otro día con la correlación de la relación hot/cold en textos escritos (registrados por Ngram) y la media de temperaturas globales (según reconstrucción de la U. de Berkeley) para el último siglo y medio.


¿Es esta correlación espuria? Pues puede que sí,puede que no, pero a mi entender ésta es una discusión mal traída. Vale que la posibilidad de que la relación de uso hot/cold en los escritos pueda influir en el clima es irracional (en todo caso la simple necesidad de este adjetivo implica que lo irracional existe) pero queda abierta la muy razonable posibilidad de que los escritos reflejen de forma más o menos consciente (esa es otra) la sensación general de frío o calor -el confort térmico, que se dice ahora- mediante el uso relativo de esas dos palabras.


Y lo cierto es que es lo más normal del mundo que las palabras se usen o no según las circunstancias, y por eso no sorprende demasiado que en US las búsquedas de cold sean mayores en invierno (como las del propio winter) y menores en verano (con, por supuesto, summer), estableciendo un patrón anual. Al contrario, lo que sorprende es que las búsquedas de hot presenten dos picos de uso, uno en verano (como corresponde al clima) y otro en invierno con su máximo en diciembre.


Que warm también presente un ciclo anual con máximo en diciembre hace pesar que el uso de hot es la suma de (al menos) dos ciclos. Resulta tentador considerar a uno ciclo natural y a otro artificial, que estaría referido a un calor humano, de hogar, contraclimático, pero lo cierto es que tanto uno como el otro están ligados a la sucesión natural de estaciones, si bien de un modo positivo y negativo. (Desde hace años sospecho que el problema de fondo del cambio climático no es el elfecto invernadero, por supuesto no el CO2, pero tampoco ninguna otra causa física o química sino nuestra atávica nostalgia del trópico. Somos monos en busca de un confort perdido... a 22ºC).

Pero a lo que iba. Está claro que en US las búsquedas de cold en Google aumentan en invierno según un patrón estacional. Pero es que además los patrones estacionales de búsquedas de hot y de cold en Google correlacionan de forma positiva con las temperaturas medias menusales en US (del NOAA).

Así que sí. Google Trends reproduce a corto plazo la misma correlación de usos lingúísticos hot/cold y temperaturas globales vista en Ngram. Usos lingüísticos y clima vuelven a mostrar una clara correlación a través de las estaciones. De ahí a esperar que cada año las relaciones de búsquedas hot/cold en US vengan numéricamente definidas en función de la temperatura hay un pequeño paso lógico...

Pero las variaciones de temperaturas anuales medias entre 2004 y 2005 en US son mucho menores que la incertidumbre de la correlación. Así que ese paso lógico no se demuestra porque las temperaturas medias anuales de 2004 a 2015 no se han movido lo suficiente. Sigue faltando pues el último paso, una relación que ate de forma estadística y retórica, es decir, convincente, lenguaje y mundo a través del número. Este es el objetivo. Estoy a un paso.




viernes, 9 de septiembre de 2016

138. Discurso y número en la Biblia, 2. Concordancias y discordancias en el censo de las doce tribus.

En la Septuagésima, la versión griega de la Biblia cristiana, los traductores de Alejandría llamaron Números al cuarto libro del Pentateuco por la profusión de datos contables de todo tipo que se intercalan en este relato del Éxodo a través del Sinaí. Por ejemplo y entre otras muchas cosas, este capítulo describe la disposición de las tribus de Israel alrededor del Tabernáculo.


No puedo asegurar si esta disposición hace referencia a una tradición antigua de los reinos de Israel y Judá o es un invento posterior al exilio, pero a mi modo de ver, si toda esta puntillosa numerología bíblica no es un preludio de la Cábala nacida al contacto con la cultura babilónica, sí atiende a una poderosa congruencia interna al servicio de un nuevo orden. Por ejemplo, la disposición de las tribus en torno al Tabernáculo sirve de modelo a otras muy posteriores iconografías cristianas de la Jersualén Celestial.

Beato de Fernando I y Sancha
E incluso hay quién relaciona esta disposición en cuadrado de 4*3 alrededor de un patio central sagrado con otros mitos hindues como el paraíso de Vaikunta, recogido hacia en el siglo III a.C. en el Skanda-purana.
Paraís do Vaikunta, de aquí.
Sea como fuere, el campamento de Números es un diseño geométrico planificado de caracter monumental. El campamento en el desierto de las tribus errantes era un profético preludio del Templo de Jersualén,

Números, como el resto de libros del Pentateuco, fue compilado tras la dramática -y casi mortal- experiencia de la destrucción del Reino de Judá, del Templo de Jerusalén y del exilio de toda la élite judaica a Babilonia el 586 a.C. La caída de Babilonia en manos de los persas liberó a los cautivos al permitirles el rey Ciro regresar y reocupar Jersualén, en el 538 a.C, y para poder gobernar la region con éxito los exiliados debían reconstruir el significado y sentidos de su propia historia, su religión y su lugar en el mundo. Los números, leyes, relatos y recuerdos elegidos y transcritos en los Libros sagrados por estos judíos vueltos del exilio buscaban recomponer una tradición perdida pero, sobre todo, debían justificar y servir a su propia pretensión de continuidad. Era un nuevo comienzo y había que expurgar mucho de lo pasado para concordarlo con el presente. Los viejos reinos de Israel y Judá y diez de las doce tribus habían desaparecido para siempre. Era necesario reinventar la historia de Israel para justificar lo sucedido.


Basta echar un vistazo a cualquier mapa de los que intentan reproducir del reparto de Canaán según Núm para comprender que no se trata de un reparto a suertes ni equitativo. Fuera cual fuese el origen real y la naturaleza del pacto entre las doce tribus, si es que alguna vez existió, la división de Canaán descrita en Jos. tan solo reproduce una geografía previa, absolutamente desigual y por tanto contingente, heredada y no creada ad hoc. Si calculamos lo que le tocaría a cada hombre de armas según los datos de censo de hombres de armas de Núm, vemos que el reparto sería absolutamente desigual. De hecho, dos israelitas de Manasés y Efraín, los descendientes de José que protestaron a Josué la división por recibir menos de lo que creían necesitar o merecer, recibirían uno 26,5 Ha y el otro 3,8 Ha.

Superficie de los territorios tocados en suerte a las tribus (de aquí), hombres de armas del censo de Moisés y superficie que le correspondería a cada hombre de armas de las distintas tribus, en hectáreas. 

En realidad, Núm Jos. hacen referncia a una geografía histórica más o menos idealizada que probablemente era la de los propios judíos del exilio. Así, Jos. sólo da cuenta exahustiva de las ciudades al este del Jordán y apenas menciona las de Transjordania, una zona con la que los judios retornados ya no estaban directamente vinculados. Y de las 252 ciudades de Cisjordania citadas en el reparto de las tribus, la mitad, 126, pertenecían al la tribu de Judá, 143 si añadimos las 17 de la tribu de Simeón, inclusa en el ámbito de Judá.

Las cifras del censo no solo son inventadas sino que son imposibles, pues supondrían unas densidades de población no alcanzadas hasta el siglo XX (de unos 90 hab/km2 de media para el territorio conjunto de las doce tribus), pero en cualquier caso, no son arbitrarias. Creo que en el siglo VI a.C. casi nadie estaba en condiciones ya no de calcular, sino de pensar siquiera en terminos de densidad de población, de modo que el riesgo de que alguien advirtiera lo absurdo de las cifras era mínimo y esta crítica moderna a las cifras es extemporánea. Lo que pretendían expresar las cifras de Núm era el poder de las tribus bajo la bendición de Yahvé y el cumplimiento de su promesa. Pero aunque los judíos del siglo VI a.C. no podían razonar en términos de densidad de población, las cifras tampoco podían ser incongruentes entre sí ni con el discurso si este quería ser creíble. Las cifras debían mantener un equilibrio interno con el relato, no solo aparente sino profundo, estructural, poético y armónico, para reforzarlo.

Citas y Números: concordancias discursivas y disconcordancias bíblicas.

Tanto el Pentateuco -la Torá hebrea- como los libros históricos (de Samuel hasta Crónicas) son una apología de la función sacerdotal de los levitas y los méritos de Judá sobre las demás tribus hermanas, y, en consecuencia, las menciones a las tribus de Judá y Leví son mucho más comunes que al resto. Es el principio fundamental de cualquier campaña publicitaria: repetición de la marca.

Si en el Pentateuco la tribu de Judá es la más citada de las trece, considerando también los gentilicios (levitas, efrateos, rubenitas, zabulonitas, etc.) la congregación de levitas se lleva la palma con más de una cuarta parte de las citas (un 26%, versión Reina-Valera de concordancias, 1960). Por su parte, la tribu/reino de Judá se convierte en protagonista absoluto de los libros históricos de Samuel a Crónicas y acapara un 28 % de las citas, seguida de Leví/levitas con un 18 % del total. Del Génesis a Crónicas, es decir, desde la creación del mundo hasta la destrucción del Templo las otras once tribus se reparten el 54 % restante de las citas.

Las tribus de Israel Judá y Leví/levitas son la mas citadas de la historia bíblica,lo que no deja e ser lógico ya que fueron los levitas judíos quienes escribieron esa historia, pero lo más interesante es lo que ocurre con el resto de las tribus: las más citadas en el pentateuco y en los libros históricos de Samuel, Jueces, Reyes y Crónicas son aquellas a las que se otorga menor número de hombres de guerra en el censo de Moisés.

De hecho, también hay una clara correlación inversa entre el número de ciudades citadas en Núm y la cantidad de hombres de armas de las 11 tribus.

Es decir, los levitas judíos del siglo VI que tras el exilio y regreso a Jerusalén compilaron los libros sagrados para la posteridad asignaron más hombres de armas en el censo de Moisés a aquellas tribus menos importantes de la historia israelita y minusvaloraron la capacidad guerrera de las tribus históricamente más importantes, especialmente a Efraín, Manasés (entre ambas suman 72.700 hombres de armas, que es menos que la sola tribu de Judá, que contaba 74.600) y Benjamín, las tres más importantes de Israel y, curiosamente, las tres hermanadas por la genealogía como descendientes de Raquel, segunda esposa de Israel. El propósito parece claro: menguar el valor de estas tres tribus para que las de Judá y Leví destacasen aún más.

...

El relato general de las doce tribus errantes reunidas en torno al Tabernáculo y unidas por su pacto con Yahvé oculta un pasado mucho más mestizo y politeísta. Es muy dudoso incluso que los levitas fueran jamás una tribu y sí mucho más probable que se constituyeran como una casta burocrático/religiosa que ocupó el lugar rector de la realeza una vez desaparecida ésta. Así se explica la permanente convivencia de israelitas y resto de cananeos incluso en la Santa Jersualén -los jesubeos que menciona Sam.-, o la anomalía genealógica que hace de Efraín y Manasés hijos de José y, por tanto, nietos de Israel. Dos de las tribus hermanas pasaron a ser sobrinas y de este modo se abrió un hueco en la descendencia de Israel donde encajar la fantástica tribu de Leví, heredera directa de la función sacerdotal a través de Moisés.

jueves, 8 de septiembre de 2016

137. Discurso y número en la Biblia. 1 El reparto de Canaán y la encrucijada de la UE.

De lo que yo conozco, el Libro de la Guerra de Sun Tzu es el informe técnico que de modo más claro y directo expone la evolución del pensamiento discursivo-relativo, (del relato) a otro lógico-numérico aplicado en un campo específico del conocimiento: la guerra. A lo mejor otro día echo un rato en analizar cómo en Occidente el relato orientalizador ha fagocitado este libro técnico que es El Arte de la Guerra para convertirlo justamente en lo que no es: un libro místico, cabalístico, esotérico, portador de una sabiduría interpretable, una especie de evangelio para el éxito individual. A la espera del día que me decida a hacerlo, hoy echo mano de la Bilbia, que es una extraordinaria compilación de relatos releídos, reeditados y reinterpretados durante siglos para servir a los más distintos propósitos, y esto mucho antes de ser fijados estos textos como libro y cuerpo dogmático de los intereses más circunstanciales (los intereses siempre lo son).

Enmarañados y más o menos ocultos en los textos de la Bilbia encontramos las circunstancias, inercias, resistencias, dificultades y esperanzas que genera en una sociedad que vive en el relato pasar a regirse e intitucionalizarse en el número. El proliferación de cuentas de todo tipo, la importancia de los censos, las repetidas y cansinas relaciones de ciudades, territorios, tribus, familias, genealogías, etc. de la Biblia es el testimonio de este paso de una sociedad del discurso a una sociedad del número. Entre la infinidad de casos y disputas causadas por este cambio de mentalidad, uno de mis preferidos es la reclamación de las tribus de Efraim y Manasés (hijos de José) a Josué en el reparto de las tierras de Canaán. 

(Jos. 17.14-17). Los hijos de José se dirigieron a Josué y le dijeron: "Por qué no me has asignado en heredad más que una suerte, una sola porción, siendo tan numeroso como soy porque Yahvé me ha bendecido? 
Josué respondió:"Si eres un pueblo tan numeroso sube a los bosques y corta para ti el de la montaña de los perizitas y de los refaítas, pues la montaña de Efraín es demasiado estrecha para ti". 
Los hijos de José respondieron: "La montaña no nos basta, y todos los cananeos que habitan en el valle tienen carros de hierro, lo mismo que los de Bet Sean y sus filiales que los de la llanura de Yizreel". 
Josué dijio a la casa de José, a Efraín y Manasés: "Eres un pueblo grande y tienes mucha fuerza; no tendrás solo una parte, sino que tendrás también la montaña; está cubierta por bosques pero tú la talarás y será tuya la región resultante; y expulsarás al cananeo, aunque tiene carros de hierro y es muy fuerte.

(de aquí)
La disputa está clara. La casa de José, dividida en dos tribus, Manasés y Efraín, exigía más territorio debido a su gran número. Frente a un reparto por tribus, fundamentado en los tradicionales derechos hereditarios patriarcales, Manasés y Efraín exigían una división per cápita, más democrática. En su alegato, en cualquier caso, no basaron su derecho en ningún tipo de absoluto humano individual (faltaría más) sino en la bendición de Yahvé. Su derecho no emanaba en realidad del mayor número de sus miembros, sino de la bendición de Yahvé que los había multiplicado, y era en justicia a esta bendición que debían recibir más herencia. La respuesta de Josué no fue menos ingeniosa. Evitó discutir los hechos y, al contrario, se apoyó en los argumentos de la propia reclamación para devolverles la pelota: si el número -como manifestación de la especial bendición de Yahvé- era constitutivo de derecho, también debía serlo de fuerza. Josué no puso otros límites a las ambiciones de los efrainitas que la fuerza de su número; si eran una tribu tan grande y bendita de tal manera por Yahvé, no les costaría colonizar nuevas tierras en las montañas ni expulsar a los enemigos en los valles. Así, su territorio se extendería en correspondencia a su número. En definitiva, los de Manasés y Efraín tenían derecho a agrandar sus territorios tanto como quisieran, pero no a costa de las otras tribus, sino de los enemigos de Yahvé.  

Quedaba pues atendida la solicitud de las dos tribus y, tanto o más importante, sin cuestionar el orden patriarcal en el que los jefes de tribu se reunían de igual a igual, al menos en teoría. Parecen cosas muy antiguas y pasadas, pero hoy la UE se enfrenta a un desafío semejante: al viejo orden soberano -países iguales- se oponen las solicitudes democráticas de los europeos -europeos iguales-. 



miércoles, 13 de julio de 2016

136. Elecciones 26J y prediciones electorales. ¿Error de la predicción o incertidumbre del suceso?

No dejo de preguntarme: si yo usé datos de Google Trends para hacer las previsiones electorales y no encuestas, ¿por qué fallé de modo tan parecido a las encuestas?  

Encuestas publicadas durante la campaña electoral (Electomanía)

Encuestas publicadas el día anterior y el mismo día de las elecciones (Electomanía)
Última previsión electoral que hice el 26/6, el mismo día de las elecciones. 

Mi previsión se basaba em la correlación entre búsquedas en Google con pasados resultados electorales pero también con las encuestas del CIS, de modo que , en cierto modo,  lo que yo calculaba era tanto los resultados de las elecciones como las previsiones de las encuestas CIS, pero lo cierto es que:

1.- NADIE daba al PP más de un 30%, y
2.- la mayoría daban a UP cerca del 25 % 

Media de encuestas desde enero de 2015 calculada por K. Llaneras


¿Y entonces?

Bien, la mayoría de los opinadores coincide en achacar lo ocurrido a tres tipos de causas.  

1.- Un sutil cambio sociopolítico del 20D al 26J no detectado. Tanto si usamos datos de Google como encuestas, con independencia de los métodos, usamos las correlaciones del pasado (la experiencia) para prever el futuro, pero en cierto modo estas fueron unas elecciones inéditas, a segunda vuelta, cosa que nunca se había dado y, por tanto, tanto los supuestos previos que traducían interés, simpatía o afinidad con voto no funcionaron. Lo que no se explica, no obstante, es porqué falló también (y tanto) el megasondeo a pie de urna de Sigma Dos (132.000 entrevistas, nada menos), pues aquí ya no estamos en la indeterminación de traducir un interés o intención (de votar) en una acción, sino en una simple encuesta sobre lo hecho. ¿Es que los votantes no solo cambiaron su opinión respecto del 20D sino que se volvieron más mentirosos? 

2.- El efecto manada, o efecto cascada, según el nombre que cada cual le quiera poner. En un juicio más severo no sería más que un chusco corta y pega, pero en un juicio más benévolo sería como el dicho de Newton: levantarse sobre los hombros de gigantes; el habitual proceso acumulativo con el que se capitaliza conocimiento. Yo mismo me basé en los datos de CIS, y es posible que todos en España sigan un poco al gran encuestador gubernativo. Sin embargo, tampoco explica todo lo ocurrido, pues por ejemplo, mi previsión para Cs se alejó tanto de los resultados como de las encuestas (salvo, de nuevo, del macrosondeo de 132.000 entrevistas a pie de urna de Sigma Dos, la famosa israelita para TVE, que daba a Cs apenas un 11%). 

3.- El error intrínseco de las encuestas. Lo que es algo así como decir que no siempre se acierta, o que las encuestas son probabilísticas, no determinísticas. Sin embargo, creo que aquí se confunde el error de la encuesta con la incertidumbre del suceso electoral para sumar un todo que no es. Por ejemplo, en la gráfica de medias de encuestas  que puse arriba, el valor medio es suavizado. La razón no solo es simular más certidumbre en el resultado como parecen decir aquí, sino lograr una mejor lectura de la tendencia general. 

Aquí lo vemos en la última de las gráficas de votos a partir de búsquedas en Google que fui publicando cada tres o cuatro semanas desde el 20D. Están suavizadas a 24 horas. 


Hora a hora, que es el paso con el que Google Trends da datos semanales, el aspecto de la gráfica de arriba es: 


Y no solo esto. Al dar los pronósticos, como el del 26J, no usé medias diarias sino medias semanales de medias diarias. La razón es bien sencilla: son los datos de mayor confianza. Pero esas fluctuaciones que se ven no son errores del medida, son debidas a la incertidumbre del suceso, que en este caso es el hecho de buscar pp o psoe o podemos en Google. Hay un claro ciclo diario de búsquedas comos e ve en la gráfica de abajo, y es posible que haya ciclos semanales, mensuales o estacionales... 



Hace años era recurrente en cada proceso electoral en Galicia discutir lo que influiría el hecho de que lloviese o no lloviese el día de elecciones.No tengo ninguna duda de que si las votaciones fueran en horario nocturno, los resultados cambiarían. También cambarían si fuese un día laboral, un sábado o un lunes, o en medio de un largo puente, en verano o en invierno.   

Yo contaba con un error del 8 % en mi previsión. Me separé de los resultados un 12 % pero no tengo claro que ese 4 % (al menos) sea un error estadístico del modelo o sea parte de la incertidumbre asiociada al suceso de votar. El 26J ocurrió una anomalía, pero tratar lo ocurrido como un error de las encuestas puede ser un error de juicio más general. Votar, elegir, decidir, es un suceso no determinista, con una incertidumbre asociada, irreductible a la encuesta, a toda monitorización. Quizá por eso, mientras que la técnica logra reducir los errores de todos los sistemas mecánicos, las encuestas siguen fallando con sorprendente regularidad. Quizá también habría que prestar menos atención a las causas de error de las encuestas y un poco más a las causas de la incertidumbre en los sucesos electorales. 

135. Discurso global y Clima global, I. Temperaturas y Ngram

La cuestión es sencilla. La razón hot/cold en los registros Ngram (English) correlaciona de forma apreciable (R2 de 0,51) con las series de temperaturas globales de la U. de Berkeley para el periodo 1800 a 2008. R2 mejora hasta 0,59 cuando se utilizan las temperaturas medias a cinco años.


Sigo en twitter a un estadístico que ha escrito un libro de absurdas y sorprendentes correlaciones temporales, por supuesto, tan significantes como espurias, es decir, aparentes, superficiales, todas ellas in-significativas para la ciencia. Las series de @TylerVigen no suelen muy largas, generalmente de una o dos decenas de años, aunque en ocasiones saca series de cuarenta o cincuenta años, pero siempre plantean relaciones absurdas, descabelladas, como lanzamientos de satélites no militares con doctorados en sociología o la edición de libros de ficción con el número de perritos calientes consumidos per cápita en los EEUU. Son relaciones tan disparatadas que parecen chistes, aunque son reales y presentan excelentes coeficientes de correlación, son estadísticamente robustas.  

Lo que Tyler Vigen hace es apelar a nuestro sentido común, es decir, a nuestro conocimiento apriorístico, para despertar nuestro sentido crítico. Es en muchos sentidos un juego paradójico. Tyler es un estadístico que juega con los datos para recordarnos que la estadística -en realidad, las matemáticas en su conjunto- es una herramienta de análisis, nunca de juicio. El caso es que no hay nada mal hecho o falso en las correlaciones de Tyler, solo lo son las conclusiones que institivamente construimos con las variables. Al ver dos variables juntas en la gráfica y unidas por su común sube y baja temporal, las asociamos y hacemos de ellas una misma cosa, o las relacionamos a una otra cosa-causa. Lo que Tyler hace es ligar dos variables tan extrañas entre sí que su unión despierta en nosotros suficiente sorpresa como para frenar todo automatismo mental e invitarnos a la reflexión. En efecto, estamos ante un truco, pero no es la estadística lo que nos engaña, sino nuestro pensar discursivo. 

Mediante el discurso entendemos que los que se aparecen físicamente próximos, en un mismo tiempo y lugar, como el frio y el color blanco en la nieve, o aquello que muestra un mismo o contrario vaivén, que va seguido, como el Sol y la Luna, deben de estar unidos. De esta forma tendemos a hacer los juicios comunes y a establecer las relaciones mundanas, basadas en las meras coincidencias biográficas o incluso postumas, como la de Shakespeare con Cervantes, emparejados para siempre por el azar histórico de su muerte en 1616 y su común destino de genios literarios del inglés y el español, aunque jamás se conocieran ni supiesen el uno del otro, . 

La lógica discursiva, regida por razones de proximidad y coincidencia (en su más estricto sentido) no es una buena intérprete de la estadística al uso, pero tampoco al revés. Las reglas del lenguaje -que las hay- son normas del común, del hábito, de la costumbre, están construidas por una concatenación de repeticiones significativas y significantes, pero no son reglas estrictas, pues dependen del contexto. Y peor aún, en el discurso, la anomalía y la excepción pueden ser tan significativas y válidas como la regla más general. La razón de esta aparente sinrazón es que el lenguaje con el que nos apropiamos del mundo entero definiéndolo, caracterizándolo, está construido sobre el error, el error de extrapolar lo dicho con lo hecho, el nombrar con el ser, el significante con el significado. Es el error acumulado y normalizando por la costumbre el que engendra las nuevas reglas de un discurso que no es más que un devenir, una permanente reasignación de significados y significantes, una constante resiginificación. Desde la primera palabra hasta el discurso más elaborado, el lenguaje está preñado de relaciones espurias, confusiones, equívocos, extrapolaciones injustificadas, asunciones injustificables, interpolaciones gratuitas, excepciones, de falta de rigor. 

Y sin embargo, la estadística no nos libra del juicio del discurso. ¿Cómo reconocemos que las correlaciones de Tyler son espurias? Pues en la pobre credibilidad de la retórica que construimos a partir de la correlación.

En las propuestas de Tyler, ni siquiera el recurso simple del Deus ex machina de nuestro tiempo, que es la causación económica, funciona. Por ejemplo, pudieramos discurrir que la economía produjese doctorandos y satélites porque crece, o porque se terciariza, o porque demanda conocimiento especializado (sea el que sea) o justificarlo con cualquier otro entimema economicista al uso, pero incluso estos relatos estadístico-económicos resultan endebles, banales, forzados. Y aún sería peor si quisiérmos armar una explicación mediante una serie de concatenaciones causales que, a cortos pasos, nos llevara (por ejemplo) de la sociología como ciencia a la técnica sociológica y de ahí a la tecnología espacial, o por cualquier otro camino. Entonces la retórica sonaría rocambolesca, atrabilaria, aún más increíble. 

Para expresar una verdadera matemática del lenguaje necesitaría una estadística basada en la anomalía y no construida contra el error, una estadística que no localice la verdad en el valor medio sino en toda la distribución y que no condicione la significación al mero tamaño sino al valor relativo, una estadística que considere la relevancia expresiva y significativa del accidente sobre la norma, que admita lo singular como paradigma y ejemplo para el común, lo sobresaliente que hay en el dato único.  

Tras esto ando. 

sábado, 18 de junio de 2016

134. Color y política. El capital político.

La retórica es la ciencia del discurso. Eso se dice. Hay quien considerará que es una exageración, que no ahí hay ciencia posible y que, como mucho, la retórica será un arte. Sin entrar en discusiones escolásticas sobre ciencia y arte, creo que la mayoría aceptamos que la retórica es, al menos, una técnica y como tal puede ser enseñada y aprendida. Pero lo que es más interesante, como técnica, la retórica es mesurable, tasable, es decir, sujeto económico. Mi intención es desentrañar en el registro microeconómico del uso color aquello que aquello que le es propio y característico, su discurso, su biografía política, de lo que funciona de modo común a todos y que constituye el macro, la técnica, la estructura, la retórica política del color.  

En inglés británico y americano el uso del color siguió pautas muy similares desde el siglo XVIII hasta la década de los sesenta del siglo XX. Esa década y la siguiente, Ngram registra el mayor terremoto en el uso de los colores en tres siglos, un terremoto que incluso sacudió la muy estable estartigrafía cromática en inglés americano. No me resulta difícil dar con la causa: el fin de la política de segregación, tal como demuestra el significativo aumento hacia 1970 de expresiones como black people, black man, black comunity, black children, etc.


Y tampoco me cabe duda de que la división racial es hoy la variable principal de la política en los EE.UU. Quizá lo haya sido siempre. 


En el siglo XVIII las frecuencias en el uso de colores en muestran grandes oscilaciones anuales que se reducen de forma exponencial con el tiempo, probablemente por artefacto estadístico de la mayor cantidad de registros de Ngram y nuevos colores como el yellow o el blue se incorporan a la paleta. Este proceso general, en mayor o menor grado, es común en las seis lenguas.

Sin embargo, de forma episódica y particular en los EE.UU. algunos incrementos en la variabilidad parecen asociados a eventos como la Guerra de Secesión de los EEUU o la SGM,que se destacan también como picos de uso de color (1861 y 1944). Esta asociación entre guerras y picos de uso de colores no aparece por ejemplo en el inglés británico, donde quitando el periodo de guerras napoleónicas todo parece ser más paulatino, incluido el aumento de uso del negro a partir de la década de los sesenta del siglo XX, que también sucede, aunque en el caso british este incremento relativo del negro no supone un incremento en el uso de colores en general. Si la parsimonia de los cambios cromáticos en el registro Ngram del inglés británico tiene alguna lectura política, este debe ser la de la estabilidad a toda prueba. Ni las grandes guerras del siglo XX han podido trastocar lo más mínimo el common sense birtánico.

La evolución del uso de los colores en francés sigue una pauta similar a la de UK, solo que la "meseta"  de máximos (coincidente más o menos con la III República Francesa) es más baja y la variabilidad general mayor. Hasta 1830 se constata picos en la década previa a la Revolución (máximo en 1785), tras la revolución con el Consulado (1799-1804) y el Primer Imperio (1804-1815) y de nuevo en 1829 hasta 1834, está vez con el telón de fondo de la Revolución de 1830 y el inicio de reinado de Luis Felipe I. Tras este último pico, el registro cromático de Ngran en francés se serena y ya solo se destaca el bache de la PGM dentro de la meseta de color de la III República, cuando Paris era la ciudad de la Luz y de los pintores. 

El registro Ngran en italiano evidencia un aumento gradual en el uso del  color a lo largo del siglo XVIII y XIX cortado de forma abrupta por las guerras de Unificación de Italia, desde los disturbios de 1846 hasta la anexión definitiva de Roma en 1870. Lo que sigue es un incremento en el uso de los colores hasta más o menos 1930, cuando se alcanza un máximo (no una meseta) coincidiendo con el apogeo del fascismo italiano.A partir de ahí se inicia un descenso (y una mayor dispersión de valores en estos años de guerra) hasta tocar fondo en los llamados años de plomo, en la década de los setenta. La sacudida fue tal que generó un pequeño terremoto en la configuración relativa de colores (la estratigrafia cromática en la gráfica segunda). A partir los años ochenta, sin embargo, el uso de colores volvió a subir, hasta el fin del registto, en 2004.

El registro Ngram en español del uso del color reproduce los mismos máximos del ciclo revolucionario francés de las décadas de 1780 y 1800, marcando este último un máximo absoluto de 1700 a 2004, al igual que en francés. Tras 1808, el uso del color en español parace desacoplarse del francés y se mantiene estable hasta el año 1846, que cae de forma abrupta. Este es el año primero del reinado efectivo de Isabel II, el año en que México perdió todo su territorio al norte de Río Grande y la Alta California a costa de los EEUU, y el año de la derrota de Argentina en Vuelta de Obligado frente a la flota franco-británica. En este bache que más o menos dura hasta final de siglo destaca un mínimo de 1870, año que se proclama la I República española. Los niveles de uso de color de 1845 no se recuperan hasta 1917, y continuan creciendo hasta la SGM, eso sí, con un mínimo local indentado en el ascenso señalando los años de la II República española. A partir de la SGM, el curso general es similar al italiano, con el mínimo en la década de 1980.
El discurso cromático en ruso y alemán difiere sustancialmente del resto de lenguas europeas, lo que en parte es debido a sus particularidades gramáticas, pero también, creo, a su particular historia política. El alemán vivió su momento mas colorisda tras la victoria sobre Francia en 1870 y hasta la PGM. Empezando el siglo XXI la frecuencia de uso de los colores en alemán es similar a la de aquél período, aunque la paleta cromática es hoy mucho más diversa. El ruso usó con máxima fecuencia el color en la década de 1920, tras el triunfo de su Revolución (los comunistas promovieron en 1920 la reforma ortográfica del ruso, que seguramente está alterando los registros y puede que magnificando el incremento del uso del color; en cualquier caso sirvió para converger el ruso con las demás lenguas europeas). El bache de color llegó en la décadas décadas de 1970 y 1980, justo antes del derrumbe de la URSS. Viendo al gráfica es inevitable no sentir que, en 1980, el uso del color parece recuperar la senda y tendencia previa a la Revolución, que al cabo de sesenta años se habría quedado en... nada.



Mi parecer es que, con independencia del discurrir político de cada comunidad lingüística, el incremento en uso del color parece dar una cierta medida del capital político disponible, de la riqueza política. Las revoluciones liberales generan una multiplicación de ese capital, que a menudo es consumido en proyectos concretos. Por ejemplo, según esta interpretación, el proyecto político italiano de unificación nacional del siglo XIX habría consumido las energías políticas de Italia. En este sentido, la unificación habría sido empobrecedora, y quizá eso explica su debilidad estructural a lo largo del siglo XX. Italia habría sido construida sacrificando la resolución de otros muchos problemas políticos y, por lo tanto, desde un punto de vista político fue demasiado costsa, más empobrecedora que enriquecedora, más regresiva que progresiva. Lo mismo cabría decir de las repúblicas españolas, que pese a su voluntad de constituirse como revoluciones progresistas probablemente resultaban demasiado caros para el país, demasiado impositivas (en su sentido original), y por eso fracasaron. En cambio, no puede caber duda del carácter liberal de la Revolución Rusa. Y de ahí también su inegable éxito. Resulta indiscutible que comunismo no solo triunfó en Rusia sino que, a pesar de la dictadura en la que degeneró, dió a la URSS un capital político que la convirtió en superpotencia mundial. Por mucho que millones de personas fueran asesinadas o sometidas, otros muchos millones en todo el mundo se adhirieron de forma voluntaria al proyecto revolucionario comunista, que consideraban liberador.  

No puedo negar mi sorpresa por mis propias conclusiones, pero me gana su capacidad explicativa, econométrica, cinética, explicativa del discurso y el discurrir histórico. Y también me resulta muy atrayente su aparente amoralidad ideológica al juzgar la revoluciones americana y rusa igualmente liberales o regresivas las repúblicas españolas. O la lectura política que se infiere de las variaciones del uso de color en las guerras. Las guerras napoleónicas en Gran Bretaña, la guerra de Secesión o la SGM en los EEUU parecen haber liberado,al menos de un modo breve, una enorme energía política. En cambio, la PGM habría provocado el efecto contrario en Francia, consumiendo su capital político. En cualquier caso los efectos de las guerras exteriores parecen haber sido temporales y reversibles, salvo la SGM. 

Desde la SGM el capital político de occidente disminuyó hasta la crisis general de los años setenta u ochenta. Aparte de su dimensión internacional y cuantitativa (en dos o tres décadas la frencuencia en el uso del color se redujo a niveles del siglo XIX, cien años atrás) este proceso me interesa de forma especial porque coincide con la Pax Américana, ese breve periodo histórico que parece haber calado en la memoria de Occidente como el Camelot perdido, los años dorados, la era de los buenos emperadores, la era de los Antoninos al juicio de Gibbon. El tercio de siglo que siguió a la SGM está siendo convertido en un mito de bienestar perdido, una época en la que los trabajadores de Europa y los EEUU ganaron derechos laborales, en la que las empresas prosperaban en un entorno de estabilidad, en la que la prensa era libre y de calidad, en la que la hacer política era una actividad honrosa y en la que la sociedad confiaba en un futuro de prosperidad general, una esperanza que hoy parece una quimera. Pues bien, si atendemos a al interpretación política del uso del color, esta época fue súmamente empobrecedora y regresiva desde el punto de vista político. 

Mi interpretación es que la Pax Americana consumió el capital político acumulado en Europa y EEUU en un proyecto general de paz y progreso económico políticamente regresivo. Como en el caso de la unificación de Italia o las dos repúblicas españolas, el proyecto de la Pax Americana, con su doble vertiente de equilibrio internacional regido por una férrea política de bloques liderados por EEUU y la URSS y paz interna sostenida por el crecimiento económico y el reparto de beneficios sociales que hoy constituye el Camelot socialdemócrata,se pagó a base de un enorme coste político, que fue el de mantener las tecnologías políticas de principios del siglo XX,. Si la primera mitad del siglo XX liberalizó la democracia parlamentaria mediante la generalización del sufragio universal, es decir, la participación de todos los hombres y mujeres adultos en la democracia parlamentaria a través de los partidos de masas, la segunda mitad del siglo Occidente mantuvo sin cambios este sistema, hoy completamente desfasado. Las sociedades y los sistemas de producción y comunicación del siglo 2016 poco tienen que ver con los de 1945, pero las tecnologías políticas de participación de las democracias occidentales siguen siendo básicamente las mismas que entonces. 

Desde la crisis de los años setenta-ochenta, que dio al traste con el sistema de bloques y el contrato social que regía la Pax Americana, apenas algunas lenguas europeas han recuperado los niveles de uso del color de 1945. Si eso sirve en alguna medida como indicativo de nuestro capital político -y yo creo que sí-, no es de extrañar la presente frustración y disgusto general con el sistema de representación parlamentario de partidos, que si un día sirvió para liberalizar la política hoy es el instrumento de su secuestro e instrumentalización en favor de unas minorías cada vez más contestadas y rechazadas. 




sábado, 11 de junio de 2016

133. Color y política. Discurso y número.

¿De qué va todo esto del discurso y el número? 

Resumiendo: hay una co-relación entre la frecuencia de uso de las palabras y el valor que les otorgamos. 

Dicho de otra manera: Hay una co-relación entre significados y significantes. 

Dicho de otra manera: Hay una co-relación entre frecuencias de uso en el lenguaje y la medida del mundo. 

Bien pensado,sería extraño que no fuese así. Si no, ¿cómo podríamos expresar el mundo mediante el lenguaje?. Si el lenguaje no incorporase esa relación en ningún grado sería inútil como conocimiento. De lo que trata este blog, al menos desde hace un tiempo, es de cómo se articulan estas relaciones. 

Sigo, con color y política. 

De forma recurrente, en todo el mundo y desde hace siglos, los partidos políticos se identifican según colores. El color es el símbolo más obvio para agruparnos en bandos. En el siglo XVII, los soldados españoles vestían de blanco, el color de los borbones. En la Revolución Francesa, la tricolor se convirtió en la gran enseña nacional e internacional. En el siglo XIX, los liberales españoles se vincularon al morado, que heredó la II República. En la revolución rusa, lucharon blancos contra rojos...; pero incluso hace 20 siglos, en el Bajo Imperio romano, verdes y azules debatían a puños sus diferencias en el hipódromo y por las calles de Roma y Constatinopla. 

Así, a primera vista, los colores son una forma elemental de política, una política aguerrida, un poco hooligan, pero visto en perspectiva, son un signo de funcionamiento democrático, de un populismo no sé si incipiente o degenerado, pero sin duda democrático en tanto que hace partícipe al pueblo, a la masa. No encontraremos partidos de colores en la política medieval -salvo, curiosamente, en la rivalidad entre órdenes religiosas-, o en las luchas cortesanas. El color, presente como símbolo político, implica competencia ideológica, un cierto debate. 

Y ahí va. Resulta que desde hace tres siglos hay una correlación intermitente entre la frecuencia de uso agregada de nombres de color en seis idiomas inglés amaericano - AM, inglés británico - BR, español - ES, italiano - IT, francés - FR, ruso -RU y alemán-  GE) con los términos independencia, libertad y progreso, que son tres ideales políticos modernos muy genéricos. Las correlaciones están hechas a periodos de 25 años (los 25 siguientes al año señalado en la gráfica, de modo que, por ejemplo, el valor de 1850 es para el periodo 1850-1874).





Está claro que, de modo general, desde hace tres siglos la frecuencia de uso de los colores en Europa y América está cada vez más relacionada con palabras de significado político como independencia, libertad o progreso. Y lo más significativo, creo, de este hecho, es que haya ciertas fechas señaldas que forman picos en los que esa relación ha sido más acusada.

Cuando empecé a revisar estos resultados los iba viendo caso a caso (idioma a idoma), y esta intermitencia me parecía un problema, una debilidad en la hipótesis de relación color-política. Pero una vez reunidas las relaciones, sumadas todas ellas, pienso lo contrario: que la relación intermitente no es una debilidad en la prueba de relación, sino una evidencia de la naturaleza de esa relación. Este va y viene lingüístivo es connatural a los vaivenes de la historia, al mercadeo de las ideas y valores políticos. Lo que importa no es el valor de R2 en sí, sino la tendencia y la ocurrencia de los máximos y mínimos.


El primer pico (de R2 muy bajo pero ya evidente) se manifiesta entre el uso de colores y libertad en la Revolución Francesa. El segundo pico llega en 1800 con las guerras napoleónicas, aunando libertad e indepenencia.

Hacia 1850, o mejor, con las revoluciones de 1848 (la primavera de los pueblos) tiene lugar el primer pico de progreso y, enseguida, los nuevos máximos de libertad e independencia, ligados a los procesos unificadores de Italia y Alemania y el despertar de los nacionalismos (sometidos los pueblos por el pacto de imperios de Meeternich se levantaron como naciones).

Un segundo pico de progreso en 1900 (periodo 1900-1924) antecedió a los de libertad e independencia de entreguerras.

El cuarto periodo de máximos -acoplado ya el progreso a la independencia y libertad- aparece hacia 1950, en la época dorada de Pax Americana

Y el quinto y último llega en el fin de siglo (pico de 1980, periodo 1980-2004), quizá ligado al derrumbre del comunismo.

Color político y valor de uso.

Los economistas emplean la noción de valor de uso como medida del valor intrínseco de cada producto, mercancía o servicio. Sin embargo, en tanto que bienes económicos, la única medida posible de este valor de uso es el valor de cambio, que no tiene por qué ser el mismo que el valor de uso. Un ejemplo evidente de esto son el agua o el aire, cuya utilidad son máximas pero no su valor por culpa de su disponibilidad o de su intercambio ajeno al mercado. Este problema convierte el valor de uso en un concepto filosófico sin utilidad práctica en sí mismo. En realidad los economistas que se empeñan en dotar a los bienes de un valor de uso son engañados por el ideal filosófico del utilitarismo, que otorga una coartada moral a la economía al igualar el bien común al sumatorio de los bienes individuales.

En la lengua, sin embargo, el valor de uso -en tanto que frecuencia de uso- es enteramente congruente. Existe una correspondencia plena entre el valor de las palabras y su utilidad, es decir, la medida con las que las usamos. En las coloridas gráficas de debajo, por ejemplo, descubrimos ver el valor de uso de los 13 colores más usuales en inglés americano y británico (arriba frecuencia de uso total; abajo uso relativo de los distintos colores).


El valor de cambio, por supuesto, nos dice cómo se relacionan las palabras, por ejemplo, colores y términos políticos.

Sean cuales sean los correlatos históricos que yo elija para explicar la relación entre uso de los colores y la política, lo que Ngram nos dice es que el valor político del uso de los colores no ha dejado de crecer en todos los idiomas al aumentar su relación con términos tan inequívocamente políticos como libertad, independencia o progreso. En suma, para las seis lenguas (siete casos, contando el inglés americano y británico) los últimos máximos de R2 están en 2,5, lo que significa un R2 medio de 0.35. Ahora solo necesitamos una comparación, una escala. ¿Es un R2 de 2,5 signo de una relación potente o irrelevante? ¿Es un R2 de 2,5 un valor de cambio alto o bajo? Pues aquí una respuesta:

Nada más obivo que, cuando hablamos de colores, hablar de color. Esta relación nos parece evidente, primaria, fundamental. Pues bien, el R2 de la correlación media a 25 años de 1700 a en los seis idiomas es de 2,7, variando desde 1,49 a 3,9.


El valor de cambio -a diferencia del valor de uso- es relativo, claro, pero lo que nos dice Ngram es que, hoy, los colores han alcanzado un valor uso político comparable a su obvio valor cromático.